Días 36, 37 y 38: La pasta

El viernes fue el día que más chicos y chicas hemos tenido en el centro desde que estoy aquí. Y hubo un problema. Una niña se puso a llorar desconsoladamente cuando su madre vino a buscarla porque sentía que no le habíamos prestado la suficiente atención, que habíamos pasado de ella. Y claro, por mi parte, pensaba que era de las más independientes, que puede jugar por sí sola, que se desenvuelve muy bien y tiene un carácter fuerte como para no necesitar a un adulto a su alrededor. Es muy complicado lidiar con este tipo de situaciones, y no es algo que se estudie, que se pueda aprender a través de determinadas técnicas, es algo que se comprende con el contacto con los chicos y chicas. Muchas veces pienso que en este tipo de trabajos los estudios son lo menos importante, que lo que realmente hace falta es humanidad. Los estudios son solo un complemento, un plus que te puede ayudar a ir un paso más allá.

Voy a reducir el resto del fin de semana a un solo texto, porque me ha sido imposible escribir día a día. He tenido tan poco tiempo libre que el fin de semana se ha basado en cocinar y comer pasta, lo que más rápido se hace y menos atención necesita. Empezando por el viernes, cuando hice una lasaña (mi receta llamada Malasaña) para cenar. La compartí con Clément justo antes de salir por Kaunas a nuestro sitio de confianza y en el que ya deberíamos pedir la tarjeta VIP. A mí me gusta este sitio así que no me importa ir, y este fin de semana he comprendido por qué a ciertos voluntarios le gusta este sitio también, y no es precisamente por el sitio (ejem ejem). Lo malo es que todos los días suenan las mismas canciones y ya puedo reproducir la playlist en mi cabeza. El viernes fue el día en el que, por fin, puedo decir que ya he conocido a todos los voluntarios. Fue como un nuevo comienzo. 

Pasando al sábado, es raro que en Lituania por mucho que bebo nunca tengo resaca. Bueno, el sábado jugamos al baloncesto, un cinco contra cinco a toda pista. Yo estaba muy cansado y, de alguna forma, estaba disfrutando más de lo que veía (tanta gente reunida y con un buen rollo que le hacía sentir genial) que de practicar al propio deporte, así que no corrí demasiado y me quedé defendiendo en mi lado de la cancha. Pero lo disfruté mucho. Tras el baloncesto, fuimos a mi casa a tomarnos el gazpacho que había hecho (mi primer gazpacho) y que estaba mejor de lo que esperaba. Después jugamos a Dobble (aunque no fue una competición oficial porque la variación de participantes fue continua) y salimos de casa otra vez. 
 
 
El domingo tenía una pinta espectacular por la mañana. Pero fue algo efímero, porque se empezó a nublar y después de la comida ya estaba durmiendo bastante. Por lo tanto, fue un día de casa, conversación y pasta. Todavía, hoy lunes, tengo en la nevera la pasta que hice le sábado. Sí, tengo un problema con las medidas. Por la noche, Clément cocinó algo que le hizo especial ilusión a Lalou. Supongo que sería algo francés. Y después seguimos viendo Cómo conocí a vuestra madre.

Comentarios

Entradas populares