El
viernes fue el día que más chicos y chicas hemos tenido en el centro
desde que estoy aquí. Y hubo un problema. Una niña se puso a llorar
desconsoladamente cuando su madre vino a buscarla porque sentía que no
le habíamos prestado la suficiente atención, que habíamos pasado de
ella. Y claro, por mi parte, pensaba que era de las más independientes,
que puede jugar por sí sola, que se desenvuelve muy bien y tiene un
carácter fuerte como para no necesitar a un adulto a su alrededor. Es
muy complicado lidiar con este tipo de situaciones, y no es algo que se
estudie, que se pueda aprender a través de determinadas técnicas, es
algo que se comprende con el contacto con los chicos y chicas. Muchas
veces pienso que en este tipo de trabajos los estudios son lo menos
importante, que lo que realmente hace falta es humanidad. Los estudios
son solo un complemento, un plus que te puede ayudar a ir un paso más
allá.
Voy a reducir el
resto del fin de semana a un solo texto, porque me ha sido imposible
escribir día a día. He tenido tan poco tiempo libre que el fin de semana
se ha basado en cocinar y comer pasta, lo que más rápido se hace y
menos atención necesita. Empezando por el viernes, cuando hice una
lasaña (mi receta llamada Malasaña) para cenar. La compartí con Clément
justo antes de salir por Kaunas a nuestro sitio de confianza y en el que
ya deberíamos pedir la tarjeta VIP. A mí me gusta este sitio así que no
me importa ir, y este fin de semana he comprendido por qué a ciertos
voluntarios le gusta este sitio también, y no es precisamente por el
sitio (ejem ejem). Lo malo es que todos los días suenan las mismas
canciones y ya puedo reproducir la playlist en mi cabeza. El viernes fue
el día en el que, por fin, puedo decir que ya he conocido a todos los
voluntarios. Fue como un nuevo comienzo.
Pasando
al sábado, es raro que en Lituania por mucho que bebo nunca tengo
resaca. Bueno, el sábado jugamos al baloncesto, un cinco contra cinco a
toda pista. Yo estaba muy cansado y, de alguna forma, estaba disfrutando
más de lo que veía (tanta gente reunida y con un buen rollo que le
hacía sentir genial) que de practicar al propio deporte, así que no
corrí demasiado y me quedé defendiendo en mi lado de la cancha. Pero lo
disfruté mucho. Tras el baloncesto, fuimos a mi casa a tomarnos el
gazpacho que había hecho (mi primer gazpacho) y que estaba mejor de lo
que esperaba. Después jugamos a Dobble (aunque no fue una competición
oficial porque la variación de participantes fue continua) y salimos de
casa otra vez.
El
domingo tenía una pinta espectacular por la mañana. Pero fue algo
efímero, porque se empezó a nublar y después de la comida ya estaba
durmiendo bastante. Por lo tanto, fue un día de casa, conversación y
pasta. Todavía, hoy lunes, tengo en la nevera la pasta que hice le
sábado. Sí, tengo un problema con las medidas. Por la noche, Clément
cocinó algo que le hizo especial ilusión a Lalou. Supongo que sería algo
francés. Y después seguimos viendo Cómo conocí a vuestra madre.
Comentarios
Publicar un comentario