Día 41: Adivinar e intuir

Después de dos días de un sol maravilloso, el miércoles reapareció la densa niebla cubriendo el cielo de Kaunas. Por la mañana, estuve ayudando a uno de los chicos que también sufren discapacidad física con unos ejercicios de movilidad. Y después de comer estuve arreglando un juguete que no duró ni una semana entero. En el centro hay algunos chicos que tienen tendencia a romper cosas. Uno de ellos está más nervioso de costumbre los últimos días, e incluso han aparecido una serie de tics en su cara y ha subido su nivel de ruido. Pensamos que algo pasa en el colegio. Pero claro, en caso de que sea cierto, es muy difícil saberlo porque este chico no tiene la capacidad para comunicar sus emociones ni lo que le pasa. De hecho, parte de este trabajo consiste en adivinar, barajar todas las posibilidades de por qué los chicos están de una u otra forma, y tratar de encontrar la correcta. En este sentido, el éxito solo se consigue con sensibilidad y experiencia. 

Por la tarde, me apetecía mucho ir a jugar al baloncesto así que lo hice. Nada más llegar a la cancha dos niños (algo creciditos) me dijeron que si quería jugar con ellos. Primero preguntaron en lituano, pero les dije que no entendía el idioma y me preguntaron en inglés. Al final, jugamos los tres juntos durante dos horas. Fue un rato muy agradable porque mientras jugábamos hablábamos sobre nosotros, sobre baloncesto, sobre Lituania, sobre España... Ellos tienen 12 años y uno sueña con jugar en el Zalgiris algún día. Lo tiene muy complicado, pero el chico juega muy muy bien. Seguro que no va a ser la única vez que juguemos juntos y espero verle progresar este año. 




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