Lunes.
Día de reuniones. Primero con mi tutora, que me va explicando poco a
poco cosas sobre los niños y niñas. Pero incluso ellas tienen lagunas
con algunos, a pesar de que les conozcan desde hace años. Son mentes tan
impredecibles, tan cambiantes... Y sólo en el 25% de los casos de
discapacidad mental se consigue determinar la causa. Así que con la
inmensa mayoría es complicado saber cómo trabajar específicamente,
porque justo conocer una causa es lo que te ayuda a generar un proceso
que concluir con un objetivo.
Por
la tarde, me reuní con mi mentora. Fuimos a una cafetería muy mona en
el centro de la ciudad y pasamos hora y media hablando. Sobre cómo me
siento en el presente, pero también adelantando posibles
acontecimientos. Ella me intentaba poner de preaviso de que en muchos
casos los primeros meses suelen ser maravillosos, pero luego los ánimos
empiezan a decaer, surgen problemas y, sobre todo, se echa de menos a la
familia. Claro que este es mi 11° año que vivo lejos de casa, así que
estoy muy preparado para las circunstancias que están por venir. Al
saber que vienes de España, todo el mundo te pregunta si soportarás el
invierno, y mi mentora incidió en ello a pesar de que no son tan fríos
como antes e, incluso, ni nieva. Ella es muy simpática, como casi todos
los lituanos y lituanas que conozco. Me dijo que si realmente me gusta
el país, algunos voluntarios se han quedado, han buscado trabajo y lo
han conseguido. Quién sabe.
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