Miércoles. El padre de uno de los chicos me ha llevado a
casa y me ha dicho que este otoño está haciendo bueno de momento.
Haciendo bueno es estar casi todos los días nublado, despertarte en
medio de una densa niebla y soportar una lluvia constante. Además del
frío, que se nota cada día más. El hijo de este hombre solo habla unas
pocas palabras de lituano, hasta sobran dedos de las manos para
contabilizarlas. Su comunicación se basa en sonidos, gestos y
movimientos. Mientras íbamos en el coche, el niño intentaba expresar
algo dando botes sobre el asiento. Pero el padre no sabía qué quería
decir. Y me dijo con cara de desconsuelo: "Hasta para mí es imposible
entenderlo muchas veces". No quiero ni pensar lo que se debe sentir
cuando no puedes comunicarte con tu hijo.
La
coincidencia quiso que justo esa misma tarde Lalou nos hubiese invitado
a la proyección de una película (documental) en el centro cultural
donde hace el voluntariado. Y la película trataba sobre un método de
aprendizaje de comunicación para ciegos y sordos durante la Unión
Soviética. Era un curioso método basado en la interacción con objetos o
con las partes del cuerpo de otras personas. La verdad es que no entendí
muy bien la película porque era inglés (genial) pero con un audio ruso
de fondo y con subtítulos en lituano. Así que me hice un follón mental,
como todos, según lo que hablamos después. Sin embargo, tras la
proyección hubo una charla con el director que me ayudó a entenderlo
todo mejor. Y a darme cuenta de que este tipo de métodos están genial,
pero solo sirven para la discapacidad física. Es casi imposible
encontrar un método para enseñar a comunicarse a alguien que no sabe lo
que es la comunicación. Entendiendo la comunicación como la expresión de
opiniones, sentimientos y necesidades. Muchos discapacitados mentales,
como el chico del que os he hablado antes, no comunican, solo
interactúan más por instinto que por otra cosa. Así que sentiros
afortunados de poder expresaros y de poder ser entendidos.
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