Ayer
estuvimos un buen rato imitando a uno de los chicos y me sorprendió lo
feliz que se le veía. No le había visto reírse tanto. Y me he preguntado
por qué estaba tan alegre. Quizá me equivoque, pero he llegado a una
conclusión. Los seres humanos (como buenos animales que somos) nos
dedicamos a imitar los comportamientos de los demás. De ahí que los
referentes hayan sido tan relevantes en el desarrollo de nuestra
civilización. Y que a día de hoy estemos tan perdidos, porque no tenemos
buenos referentes. Eso a un nivel social, pero a un nivel individual
uno también se convierte en la persona que es imitando a sus padres, por
ejemplo. De hecho, al principio pensamos que somos muy distintos a
nuestros padres y con el paso del tiempo nos vamos dando cuenta de todo
lo contrario. Además, copiamos a nuestros amigos o, incluso, a
personajes de las series o películas que nos gustan. Y la mayor
satisfacción que se puede alcanzar es cuando alguien trata de imitarte a
ti. Es motivo de orgullo y de creer que, al menos en ese comportamiento
imitado, has alcanzado el éxito.
La
gente con discapacidad mental no tiene referentes a quienes imitar. Ni
siquiera a sus padres, porque su mente funciona de una manera muy
diferente a la de cualquier otra persona en el mundo. Obviamente, ni
hablemos de que alguien trate de imitarlos cuando, en realidad, la
inmensa mayoría de la población trata de evitarlos. Así que creo que por
eso este chico estaba tan feliz ayer. Porque le imitábamos sin
vergüenza ninguno, y se sentía líder, se sentía satisfecho con que su
comportamiento fuese copiado por otra persona.
Pasando
a cosas más mundanas, como la política. Ayer mi tutora me contó que en
Lituania, un país de 2,8 millones de personas, hay 17 partidos. Se nos
está yendo la pinza con eso de la representación política. La diversidad
está muy bien, pero cuando sobrepasa los límites puede difuminar la
realidad y creernos que las cosas funcionan de una manera cuando
funcionan de otra. Obviamente, con tanto volumen de partidos y tan poca
población, el sistema necesita de una segunda ronda para conocer al
vencedor. En una situación habitual (sin pandemia), nadie duda de que
una segunda ronda es algo democráticamente sano. Pero en las
circunstancias actuales, con los casos de covid creciendo, la segunda
ronda retrasa la toma de decisiones. Es curioso como a la democracia le
está costando tanto convivir con algo tan natural (en el sentido
estricto de la palabra) como un virus. Puede que sea demasiado
artificial, y de ahí que gente como Trump sea presidente del país más
poderoso del mundo, o que falta tanto sentido común en la política.
Bueno,
después de esta chapa, ya solo me quedar decir que por la noche Lalou
hizo Naans, y estaban riquísimas. Y para acabar el día seguimos viendo
Cómo conocía a vuestra madre. La serie es larga, pero creo que la
acabaremos con suficiente antelación e, incluso, podremos vernos otras.
P.D.: Preciosa la pecera que tenemos en el centro.
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