Día 32: Referente

Ayer estuvimos un buen rato imitando a uno de los chicos y me sorprendió lo feliz que se le veía. No le había visto reírse tanto. Y me he preguntado por qué estaba tan alegre. Quizá me equivoque, pero he llegado a una conclusión. Los seres humanos (como buenos animales que somos) nos dedicamos a imitar los comportamientos de los demás. De ahí que los referentes hayan sido tan relevantes en el desarrollo de nuestra civilización. Y que a día de hoy estemos tan perdidos, porque no tenemos buenos referentes. Eso a un nivel social, pero a un nivel individual uno también se convierte en la persona que es imitando a sus padres, por ejemplo. De hecho, al principio pensamos que somos muy distintos a nuestros padres y con el paso del tiempo nos vamos dando cuenta de todo lo contrario. Además, copiamos a nuestros amigos o, incluso, a personajes de las series o películas que nos gustan. Y la mayor satisfacción que se puede alcanzar es cuando alguien trata de imitarte a ti. Es motivo de orgullo y de creer que, al menos en ese comportamiento imitado, has alcanzado el éxito.

La gente con discapacidad mental no tiene referentes a quienes imitar. Ni siquiera a sus padres, porque su mente funciona de una manera muy diferente a la de cualquier otra persona en el mundo. Obviamente, ni hablemos de que alguien trate de imitarlos cuando, en realidad, la inmensa mayoría de la población trata de evitarlos. Así que creo que por eso este chico estaba tan feliz ayer. Porque le imitábamos sin vergüenza ninguno, y se sentía líder, se sentía satisfecho con que su comportamiento fuese copiado por otra persona. 

Pasando a cosas más mundanas, como la política. Ayer mi tutora me contó que en Lituania, un país de 2,8 millones de personas, hay 17 partidos. Se nos está yendo la pinza con eso de la representación política. La diversidad está muy bien, pero cuando sobrepasa los límites puede difuminar la realidad y creernos que las cosas funcionan de una manera cuando funcionan de otra. Obviamente, con tanto volumen de partidos y tan poca población, el sistema necesita de una segunda ronda para conocer al vencedor. En una situación habitual (sin pandemia), nadie duda de que una segunda ronda es algo democráticamente sano. Pero en las circunstancias actuales, con los casos de covid creciendo, la segunda ronda retrasa la toma de decisiones. Es curioso como a la democracia le está costando tanto convivir con algo tan natural (en el sentido estricto de la palabra) como un virus. Puede que sea demasiado artificial, y de ahí que gente como Trump sea presidente del país más poderoso del mundo, o que falta tanto sentido común en la política. 

Bueno, después de esta chapa, ya solo me quedar decir que por la noche Lalou hizo Naans, y estaban riquísimas. Y para acabar el día seguimos viendo Cómo conocía a vuestra madre. La serie es larga, pero creo que la acabaremos con suficiente antelación e, incluso, podremos vernos otras. 

P.D.: Preciosa la pecera que tenemos en el centro.
 

 

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