Día 21: Sentimientos peligrosos

Primer día de octubre. Kaunas empieza a demostrar la ciudad que realmente es, fría. El calor solo ha sido una tapadera. Sin embargo, nada más llegar al centro cogí temperatura bailando canciones infantiles que los chicos tienen coreografiadas. Después me presentaron al ángel al que le cuentan sus deseos y estuvimos en la sala de relax. Comimos y pintamos, jugamos al baloncesto, corrimos... Fue un día muy completo, tanto en lo físico como en lo emocional.

 

Tengo un poco de miedo porque acabo de empezar y ya estoy pensando que cuando acabe de trabajar en agosto y me vuelva a España les voy a echar mucho de menos. Es un sentimiento tan peligroso como inevitable. También estoy seguro de que volveré reventado, necesitaré un año de vacaciones para recuperarme de este año de trabajo. Cada día termino con las energías consumidas, pero cómo le decía a mi tutora ayer, en el buen sentido. Además, los niños te recompensan el esfuerzo con un cariño incalculable. Ayer, por ejemplo, cuando todos íbamos a pintar usando hojas que ya habían caído de los árboles, una de las niñas no estaba muy por la labor y se sentó en la mesa de brazos cruzados. Así que yo, para darle un empujoncito, le puse las hojas como si fuesen orejas de conejo y le dibujé la cara del conejo. Le hice gestos para que pintara, y lo hizo. Solo necesitaba el empujón. Al acabar, los niños se sacaron fotos con lo que habían hecho, y ella me pidió que me sacase la foto con ella. Valoró que yo le había ayudado, algo que muy poca gente reconoce porque prefiere llevarse todo el mérito. En cuanto a generosidad y solidaridad, muchos de estos niños están supercapacitados.

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