Primer
lunes en Kaunas. Tengo pocas cosas que hacer más que estudiar lituano.
Hoy he consolidado los pronombres y los posesivos, los meses y los días
de la semana. Además, he empezado con las partes del cuerpo, algunas tan
fáciles como nariz que se dice nosis u ojos, akis, y otras casi
imposibles de meter en la cabeza, como mandíbula, žandikaulis. Estoy
intentado usar la nemotecnia siempre que puedo. Por ejemplo, cabeza se
dice galva, y yo pienso en una cabeza calva, o pierna es koja, y yo
pienso en una persona koja. Es un reto bastante divertido la verdad, me
lo estoy pasando bien. No sé si me lo pasaré tan bien en la vida
postcuarentena, hacíendome entender y tratando de comprender lo que me
dicen. Puedo hablar con todo el mundo en inglés, excepto con los chicos
del centro, que solo saben lituano. Y ellos son el centro de mi trabajo,
así que no me queda otra que ponerme las pilas y afinar el oído.
Además
de estudiar, hoy he escrito alguna cosilla, he hecho ejercicio en mi
habitación y, lo más importante, he hecho la compra con mis compañeros
de piso. Primero, hemos probado en un supermercado llamado Rimi. Cuando
lo teníamos todo después de más de media hora, fuimos a pagar y no nos
dejaba porque necesitábamos un teléfono con prefijo lituani y ninguno lo
tiene. Como en la UE no hay roaming, vamos a funcionar con nuestras
tarifas del país de origen. El segundo intento fue en el supermercado
Barbora. Era más cara, pero no nos quedaba otra. Pues bien, volvimos a
hacer la compra pero a trompicones porque, de repente, la wifi empezó a
fallar. Una locura. Total, que al final invertimos dos horas en hacer
una compra que nos llegará mañana por la mañana. Lo estamos deseando la
verdad, porque llevamos comiendo tres días lo que había, no lo que
queremos, y hemos repetido bastante en este poco tiempo. Pero son las
circunstancias. Mañana entraremos en una nueva normalidad alimenticia.
A
media tarde me he asomado a la ventana y he visto un globo aerostático.
Quizá os parece una chorrada, pero que yo recuerde no había visto
ninguno en mi vida. Se mueven muuuuuuuuuuy lento, como la maldita
cuarentena.
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