Día 3: La pizza más rara de mi vida

Ir a un país por primera vez y no poder salir es bastante extraño. Pero todos los que nos metimos en este proyecto sabíamos en qué condiciones veníamos a Lituania. Estamos muy pendientes de la evolución del covid en el país. La última actualización es de 53 positivos, el máximo desde el 19 de abril. En Kaunas, eso sí, solo se han registrado dos. Es decir, menos de 1 cada 100.000 habitantes. Mis compañeros me han dicho que no tienen miedo, que parece que aquí está controlado. Pero, aunque no lo admitan, percibo cierta incertidumbre en sus caras cuando hablamos del tema, cierta desconfianza sobre lo que pueda pasar. 

La verdad es que no estamos en las circunstancias idóneas para hacer un voluntariado internacionales. Sin embargo, nos hemos lanzado a la aventura y la intentaremos aprovechar al máximo. Hoy, en nuestro primer día completo, hemos desayunado juntos y nos hemos quedado un buen rato hablando de qué podríamos hacer de cenar con lo poco que tenemos. Mañana ya tendremos que hacer una compra y que nos la traigan. 

Al final nos decidimos por una pizza. Los ingredientes fueron una especie de minilentejas, queso en polvo y maíz. Sí, raro de cojones, pero estaba extrañamente buena. De beber, nos hemos puesto algo que ninguno sabíamos qué era. Venía en lata y el color y la espuma me recordaba a la cerveza. A ninguno de los tres nos ha gustado, así que hemos llegado a la conclusión que no era cerveza. 


 

Hemos cenado, claro está, en la cocina, que está bastante decorada por los antiguos inquilinos, que también eran voluntarios. Por ejemplo, tenían un mapa de la ciudad rodeado de corazones y motivos navideños. Está bonito, es una decoración muy austera y artesanal, pero quien la hizo y la colocó tiene buen gusto. Todavía tiene que venir un compañero más del que no hemos recibido ninguna noticia, solo esperamos que no nos corte el buen rollo que, de momento, tenemos. 

Aunque les tengo envidia sana porque han vivido en distintos países durante largos periodos de tiempo. Su mentalidad es muy distinta a la de los españoles, que presumimos de los viajes que hacemos por muy cortos que sean. Creo que tienen que ver con que en nuestro país ha arraigado mucho más la amistad o la familia. Lo digo porque tenemos una cultura y una tradición que nos ha empujado a eso y porque desde que llegués (hace casi 48 horas), no he escuchado hablar a ninguno de los dos con alguien por teléfono o Skype y yo ya lo he hecho varias veces. Se nota mucho que no están nada enraizados, que sus vínculos no son tan fuertes como los que creamos en (y con) España. Y ahora que estoy reflexionando esto por escrito, creo que deberían tenerme ellos envidia a mí, y no yo a ellos.

Comentarios

Entradas populares