Ayer
fue mi primer día en el centro y si no publiqué el diario es porque
estaba tan cansado que me quedé dormido antes de lo previsto. La noche
anterior había dormido muy poco por culpa de los nervios y, una vez en
el trabajo, las pocas energías que había recargado me las consumieron
los niños. Son muy activos, pero muy muy muy activos. No paran. Me
cayeron genial, recibí los primeros abrazos y saludos y estuve jugando
con ellos. Y todo a pesar de la barrera del idioma. Desde el primer
momento fueron conscientes de que no sé lituano y buscaron la manera de
expresarse conmigo. Y compartían todo conmigo. Lo cual me llevó a una
reflexión. A la sociedad les cuesta mucho ser inclusiva con la
discapacidad mental (creo que hasta se juzga más que la física y se
tiene hasta miedo). Sin embargo, la gente con discapacidad mental no
tiene ningún problema en incluir en su círculo a quien no tiene esa
discapacidad. Es decir, que mucha gente que se considera "normal" tiene
una discapacidad importante en cuestión de inclusividad.
El
primero contacto con las trabajadoras del centro también fue estupendo.
Y el edificio en si me flipó. Me resulta imposible imaginar algo así en
España (hay que decir que está financiado por la UE). Tienen sala de
música con dos pianos y muchos tambores, sala para hacer ejercicio con
todo lo que necesitan, sala de juegos, otra sala de juegos, la cocina,
los baños adaptados, un pabellón gigante contiguo, un parque para
niños... Aunque lo que más me alucinó fue la sala de relajación, con su
cama de agua, con sus sofás tipo masaje (o los que tenían Joey y
Chandler en Friends), con su pecera, con su bola de discoteca y con un
tubo que cambia de colores y emite burbujas. Y bueno, el edificio está
en un lugar mágico, rodeado de muchos árboles y al lado de un lago
bastante grande.
Después
de que mi tutora me enseñara el edificio, llegaron los niños. Primero
estuve pintando con una de las niñas que sabe un poco de inglés. Poco
más tarde nos pusimos todos a hacer figuras con plastilina usando
castañas. Luego, merendamos. Y, por último, salimos al parque donde
jugamos a perseguirnos o a columpiarnos. Aquí ya se está haciendo de
noche bastante pronto y la ciudad se echa a dormir temprano tras los
árboles.
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