El
lunes hemos empezado la semanita con mal pie. Nada más despertarme vi
que no había electricidad en el edificio. Y claro, yo no sabía cuánto se
suele tardar en arreglar este tipo de cosas en este país. Así que me
preocupaba bastante la comida de la nevera (que acabábamos de llenar) o
mi móvil casi sin batería, y lo necesitaba para hablar con mi mentora
por la tarde. Me fui al centro de la ciudad con la esperanza de que al
regresar a casa ya hubiese vuelto la luz. Empecé a buscar una peluquería
a la paralela a la calle principal. En las dos primeras me dijeron que
no podían cortarme el pelo ese día, y en la tercera me atendieron
inmediatamente. Y la verdad que muy bien, pero me pareció bastante caro,
quizá me cobraron más por ser "turista", ya sabéis. Pero estoy contento
con mi nuevo corte de pelo.
Lo
estrené jugando al baloncesto con Clément. Con él y con dos niños
lituanos que estaban allí. Yo elegí al más grande, que resultó ser un
paquete. Ni se movía ni tenía fuerza en los brazos y le dabas un pase y
era incapaz de agarrar el balón. El pequeñín resultó ser una máquina.
Tendría unos 6 o 7 años, se llamaba Horace, y con sus pequeños brazos
enchufaba canastas desde bastante lejos. En fin, que nos dieron una
paliza.
Por la noche
salimos a tomarnos una cerveza con otros voluntarios. El bar al que
fuimos se llamaba Godo. Muy oportuno. El Godo. En fin, que lo pasamos
muy bien otra vez, ojalá sea así el resto del año. Lo más sorprendente
del día llegó cuando estábamos en casa. Clément empezó a contarnos
historias de su experiencia en el call center de Airbnb en Irlanda.
Resulta que una vez una de sus compañeras tuvo una pelea muy fuerte con
un cliente. Según palabras de Clément: "Se dijeron cosas muy feas". Al
día siguiente, el cliente llamó para disculparse, diciendo que quería
hablar con ella, y hablaron, todo genial, hicieron las paces y él hasta
le mandó un ramo de flores al trabajo. Pues el tío estaba esperando con
su coche fuera del edificio para pegarle a la chica, y las flores eran
el señuelo para identificarla.
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