Ayer
conocí al resto de voluntarios que, de momento, han llegado a Kaunas.
Era el cumpleaños de Camille así que nos fuimos de fiesta. Primero
estuvimos bebiendo en rePUBlic, donde la comida dejó mucho que desear
(que se lo pregunten al pobre Clément). De ahí pasamos a otro pub tipo
irlandés en el que había una bufanda de una de las finales de Champions
entre el Real Madrid y el Atleti. Aquí el que salió peor parado fue
Eugene. Quería preguntar algo al camarero así que lo anotó en inglés en
su móvil. Por mucho que le intentaba enseñar el móvil al camarero,
pasaba de él completamente. La gente que está detrás de la barra en
España suele ser dicharachera mientras trabaja, sonreír bastante,
digamos que se hacen querer. En esta ciudad es todo lo contrario, están
muy serios. Incluso en el último pub en el que estuvimos la camarera dio
una palmada para que me apurara en pedir. Me pareció un gesto muy feo
pero bueno.
Este pub está
en el quinto piso de un edificio. Así que hay que coger un ascensor en
el que se pueden subir, como bien está indicado en la puerta (hasta en
español) solo cuatro personas. Sin embargo, antes de empezar a subir
nosotros se bajaron unos 10 tíos haciendo la gracia. Hay tontos en todos
lados. El ascensor se bloqueó así que tuvimos que subir por las
escaleras. Arriba conocimos a una tía rara de cojones. Iba bastante
pedo, estaba sola y se sentó en nuestra mesa. Nos preguntó si hablábamos
italiano y le dijimos que no. Y le preguntábamos cosas y sus respuestas
eran increíbles, muy opuestas a alguien que está buscando compañía. Por
ejemplo, la pregunté por qué hablaba italiano y su contestación fue:
porque lo hablo. Fantástico.
Hicimos
una bomba de humo dejando a Eugen ehablando con esta tía y el resto
nos fuimos a bailar. Lo mejor fue durante esas canciones que los
lituanos viven a tope y tú no has escuchado en la vida. Intentábamos
tener la misma motivación que ellos pero al final nos hacía más gracia
que otra cosa. A lo largo de la noche hablé varias veces con Laia en
español. Se aprecia mucho, porque ya a veces hasta pienso en inglés sin
darme cuenta. Ayer hablamos mucho sobre idiomas. Sobre todo porque
Eugene está un poco obsesionado con pronunciar bien el francés y
aprender español, así que los demás nos dejábamos llevar. Yo le hablé
sobre la palabra cabrón y de que en Canarias hay gente que la usa mucho
como si dijese tío o tía. Ahora nos llamamos el uno al otro cabrón y
tiene pinta que va a ser así el resto del año.
Además
de con Laia, ambién hablé con Yannick, con Indy, con Eugene, con
Camille. En fin, que pude empezar a conocer a esta gente con la que voy a
compartir el resto del año y con la que ahora mismo tengo algo en
común, que no nos terminamos de creer que estemos aquí. Ah, y también
conocí a Deimante, una de las coordinadoras, porque nos la cruzamos. Por
la mañana Lalou ya se había cruzado con otra coordinadora, Vitalija.
Kaunas es como un pueblo grande.
Cuando
salimos del último pub, más allá de las dos, no teníamos cómo volver en
transporte. Podíamos coger un taxi, pero vivimos a una andando desde el
centro, tampoco es tanto. Clément había vuelto ya porque se sentía mal.
Por lo tanto, Lalou y yo empezamos a patear de regreso caminando por el
carril bici que en uno de los tramos estaba oscurísimo. La ciudad, de
noche, está en un profundo silencio. En la hora de camino solo vimos dos
o tres coches en la carretera y a nadie caminando. Ni siquiera el río
se mueve.
Comentarios
Publicar un comentario