Día 13: El hermano gemelo de Clément

Esta mañana ya estaba despierto a las 7. Supongo que impaciente por abandonar la cuarentena y empezar a hacer vida. Lo primero que he hecho ha sido comprar la entrada para el partido del Zalgiris del domingo. Es un partido de la liga lituana, que no tiene mucha historia. Pero como no sé si la Euroliga se jugará con público y cómo evolucionará el coronavirus en Lituania (de momento la cosa va bien pero no me termino de fiar) quiero ir a ver lo antes posible al Zalgiris en el Zalgiris Arena. Después de desayunar, he salido a hacer la compra. Primero de todo, está experiencia en Kaunas sería más difícil, por no decir imposible, si no existiese el Google translate. He tenido que echar mano de esta bendita herramienta tanto para comprar la entrada como en el supermercado. Es igual que cualquiera en España, obviamente. Sólo me han llamado la atención un par de cosas: que tienen muy pocos yogures para adultos, casi todos son lo típicos para niños, y que ¡no hay mayonesa!. Todos los que han vivido conmigo saben lo importante que es para mi alimentación la mayonesa XD. Además, les había dicho a Clément y a Lalou que iba a hacer una ensaladilla. Pues no va a poder ser. Sinceramente, espero que estuviese agotada o algo, o que la encuentre en otro supermercado. Es fundamental, si no, quizá me plantee regresar a España.

Es broma, claro está. Soy fan de la mayonesa, pero no para tanto. Cuando he colocado la compra me he ido a jugar al baloncesto. No estoy obsesionado, es que desde hace un par de años recuperé el hábito de hacer ejercicio diario y mi mejor opción ahora es ir una horita a tirarme unas canastas. Y como soy casi tan flipado como Patrick Beverley, he ambientado mi horita de basket con "Section.80", el primer disco de Kendrick Lamar. 

Dicen que Kaunas es la cuna del baloncesto europeo, y que Nueva York la de EEUU. Cuando estuve en NYC en diciembre, todos los días pasábamos por una cancha tipo celda de camino a nuestro alojamiento en Brooklyn. Una mañana había un balón abandonado en la cancha y pensé en cogerlo y meter una canasta en plan "oh, he metido una canasta en Nueva York". Al final no lo hice porque quería aprovechar el tiempo ese día y porque no me terminaba de atrever a entrar y coger el balón. Por entonces no sabía que iba a vivir en Kaunas e iba a meter canastas allí. Si lo llego a saber, meto una canasta en NYC y así haber metido una canasta en Nueva York, cuna del baloncesto en EEUU, y otra en Kaunas, cuna del baloncesto europeo.

Después de comer, Lalou, Clemént y yo nos hemos dado un paseo. Hemos ido andando al centro por la orilla del río Neris. Es increíble ver tanta naturaleza en medio de la ciudad. En España para ver cosas así tienes que irte fuera. Muy fuera. Una vez en el centro, hemos pasado por el famoso castillo, por el Ayuntamiento, por las calles empedradas llenas de bares y restaurantes, por la larga avenida que lleva hasta la Iglesia de San Miguel Arcángel y hemos cogido un funicular de 1931 para subir hasta la Iglesia de la Resurrección de Cristo. 
 



 
Todavía nos queda mucho por ver, pero fue un buen recorrido, durante el que descubrimos que Clément tiene un hermano gemelo llamado Óscar Reyes. Lo supimos porque hablamos de los hijos de las parejas brasileño-japonesas, que físicamente son morenos pero con los ojos muy rajados y cuando la gente los ve no sabe de dónde podrían ser. Entonces, yo me acordé de Óscar Reyes el actor, y les expliqué que su madre es española, que su padre es japonés y aquí la gente pensaba que el chico era de Latinoamérica. Lalou le ha buscado en Google Imágenes y ¡tachán! No sólo estaba el actor sino otros muchos Óscar Reyes. Entre ellos uno muy parecido a Clément. Desde ayer, oficialmente, hemos empezado la investigación sobre su hermano gemelo. 

Durante el camino también hemos parado en variar librerías para comprarnos libros en inglés. Pero no fue hasta la tercera donde los encontramos. Eso sí, a muy buen precio. Por menos de siete euros me compré El hombre invisible de H.G. Wells y La Señorita Dalloway de Virginia Woolf. En la segunda librería en la que entramos había un hombre muy bajito, con una gorra torcida y la ropa muy sucia, que pedía dinero para comprar un libro infantil, pero luego se iba miraba otros libros, y luego volvía, y se volvía a ir. No parecía estar muy bien de la cabeza. También vimos a otro hombre que iba parando a gente para echarle la bronca. Aunque vaya a empezar a trabajar en un centro con menores con discapacidad mental, se me sigue haciendo difícil no juzgar a esta gente. Y pienso en el futuro de algunos de los niños con los que estaré a partir del martes. Ahora son niños, pero cuando sean adultos la gente será menos transigente con ellos, y quien sabe si acaban apartados completamente de la sociedad y en la calle. Supongo que uno de los retos del centro de día es, precisamente, evitar ese tipo de casos. 

Bueno, que me enrollo. Al volver a casa he hecho burritos para los tres. Lalou y Clément me acompañaban en la cocina y les he puesto canciones, entre ellas, Mediterráneo y La Revolución sexual. Así que se puede decir que ya son medio españoles XD. Como colofón del primer día de libertad, hemos jugado al Danish, para no perder las costumbres de la cuarentena. 

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