Día 339: Batalla
El martes hubo batalla. Entre un niño y una niña que suelen tener una relación cordial pero el carácter de ambos es bastante fuerte, así que cuando esa cordialidad se rompe por algún desacuerdo se desata una guerra gestual, verbal y, en el peor de los casos, física. Y el martes se llegó al peor de los casos. Los dos querían jugar con el mismo juego, unas fichas de dominó grandes, bastante grandes y pesadas. Los dos querían usarlas para levantar un edificio lo más alto posible. Empezaron a hacerlo hasta que ya no quedaban casi fichas y se discutieron por ellas. Al principio, solo fueron un par de gritos y tirones. Hasta que el niño, cuatro años menor que ella, amenazó con tirarle fichas a la cabeza, lo que podría haber sido un desastre por las dimensiones y el peso de las fichas, además de sus esquinas afiladas. Él trató de empujarla también. Y sólo nuestra intervención evitó que la cosa pasara a mayores. Pero la situación le generó un intenso estrés a la niña, que rompió a llorar. No ha sido el único episodio violento provocado por este niño en los últimos días. Le pegó en la cabeza a otra niña con un rastrillo porque la niña estaba usando una pala que él quería. También quería un cochecito con el que estaba jugando otro niño, y por eso le tiró un patinete. Son las consecuencias de educarle y decirle que pida las cosas por favor, que se desata la rabia porque él no quiere plegarse a lo que debe hacer sino a lo que desea hacer.



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