Día 331: Mal regreso

El lunes nos vino a visitar el chico que dejó el centro en abril porque cumplía 18 años. Fue una visita larga, de unas horas. Trajo tarta y la compartimos, y después de unió a nosotros en las actividades. No ha cambiado nada, ni físicamente ni en la actitud. De hecho, fue bastante triste verle pegarse como solía hacer. Pero más doloroso aún fue verle intentar pegar a uno de los niños. La psicóloga lo tuvo que agarrar con fuerza y llevárselo, básicamente tirarlo contra la pared mientras él gritaba y forcejeaba. Cuando ya estaba tirado en el suelo, la psicóloga, aguantando las lágrimas, trataba de hablar con él para que entrase en razones. La visita no salió como esperábamos. Y para lo único que sirvió es para demostrar que nunca ha estado preparado para abandonar el centro, que estos meses que han pasado desde abril han sido meses perdidos en su educación. Y que la esperanza de los padres de encontrar un centro para adultos lo antes posible, es una esperanza bastante lejana porque no van a aceptar a alguien con la actitud infantil y violenta que este chico tiene. Es una situación bastante pésima.

 


 

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