Día 295: Lituania VS Eslovenia

Domingo. El gran día. El día del Lituania vs Eslovenia en el Zalgirio Arena. El equipo que ganaba iba a los juegos, el perdedor, de vacaciones. Vamos, que era una final. Sobre todo teniendo en cuenta que los eslovenos podían clasificarse por primera vez para unos juegos y, para los lituanos, significaría la primera vez que no lo hacían. Además, en el campo estarían Doncic, Sabonis, Valanciunas... Se daban todos los condicionantes para un gran espectáculo al que acudimos tras bebernos cada uno un litro de cerveza en Laisves aleja, como el resto de aficionados que llenaban de color verde la avenida principal. Después, todos en masa andando al pabellón, al que supuestamente solo se podía entrar con pasaporte de oportunidad, una PCR hecha 72 horas antes o un test de antígenos 24 horas antes. Yo, de hecho, me levanté a las 7 para hacerme el test en una carpa que ha montado el gobierno en un camping. Pero, en realidad, nadie me pidió nada, ni a mí ni a nadie, solo la entrada. 



Una vez dentro, poco se puede explicar. El pabellón estaba lleno hasta la bandera por primera vez desde que el covid obligó a reducir aforos. Entre la relevancia del partido y las ganas por regresar a estos ambientes, aquello era una bomba que explotaba con cada canasta lituana. Por el lado contrario, Doncic desde el minuto uno ya daba un recital. Fue tremendo. Acabó con 31 puntos, 13 asistencias y 11 rebotes. Sencillamente sensacional. Gracias a él, ganó Eslovenia, que lo celebró como si hubiesen ganado la medalla de oro. Pero lo impresionante de la derrota es que, hasta tras el pitido final, los lituanos siguen animando, pues imaginaos durante el partido cuando el equipo competía. También me sorprendió el silencio respetuoso cuando sonó el himno esloveno y, sobre todo, el aplauso posterior de toda la afición lituano. Quizá la sorpresa se debe a que en España pintamos nuestro propio himno. 

Tras el partido, cayó otra cerveza. Durante ese tiempo vimos a los eslovenos de celebración y, a los lituanos, a pesar de haber caído en su propio campo y quedarse fuera de los juegos por primera vez, felicitar a los eslovenos y animarles para Tokio. Una cordialidad que puso punto y final a una experiencia inolvidable, en un ambiente irrepetible. Gracias Lituania por hacerme disfrutar tanto del baloncesto.


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