Día 214: Progresos

La semana empezó con un día tranquilo pero con una última hora muy excitante para mí porque pasaron muchas cosas sorprendentes con un niño en concreto. Primero, yo le estaba dando impulso para columpiarse, empujándole los muslos porque no le gusta por la espalda. De pronto, estiró los pies para darme, adrede, una patada en la cara. Me crucé de brazos y le dije que no iba a jugar con él hasta que me pidiera perdón. Ya había intentado antes que me pidiera perdón cuando me hiciese algo malo y nunca lo había conseguido. Pero esta vez sí. Se bajó del columpio y me dio un abrazo. Estoy contento porque eso demuestra dos cosas, que voy ganando autoridad y que mi lituano ya permite que los niños me comprendan mejor.

Después, pasamos a jugar al pilla pilla de toda la vida. Él se metía por debajo del tobogán, usando su menor estatura para escapar de mí, hasta que calculó mal y se golpeó fuertemente con un saliente de la estructura de madera. El golpe sonó tanto que me asusté. Se abrazó y no me soltaba, llorando, mientras yo le acariciaba la cabeza e intentaba mirar si tenía sangre o algo. Afortunadamente, no. Y se le pasó el dolor rápido. Él no es una persona cariñosa y a menudo le cuesta el contacto físico incluso cuando lo necesita, porque no es la primera vez que se golpea, y esas veces ha preferido pasar el mal rato a solas. Así que para mí fue increíble verle abrazarme durante unos minutos cortos pero prrofundos. 

Por último, seguimos jugando y empecé a notar, por sus movimientos contenidos, que algo pasaba. Pensé que quizá era efecto del golpe. Pero tras observarle, me di cuenta de que se pasaba cada poco una mano por sus partes. Le pregunté si quería ir al baño. Me dijo que no pero como a regañadientes porque, obviamente, no quería pagar el precio de dejar de jugar. Insistí y no había manera, hasta que dije que yo sí quería ir al baño, que me acompañase, y emprendí el camino. Me siguió y fuimos al baño, donde no es fácil estar con él porque de por sí es un niño muy alterado pero en un baño todavía más. El suelo acabo empapado, tuve que apartarle todo de su alrededor y no paró de golpear el apoya brazos para quienes sufren una discapacidad física. Pero el resultado fue satisfactorio, sobre todo porque lo más complicado es conseguir que deje lo que esté haciendo para que vaya al baño. Y esta ha sido la primera vez que lo logro. 
 

 


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