La
semana empezó con un día tranquilo pero con una última hora muy
excitante para mí porque pasaron muchas cosas sorprendentes con un niño
en concreto. Primero, yo le estaba dando impulso para columpiarse,
empujándole los muslos porque no le gusta por la espalda. De pronto,
estiró los pies para darme, adrede, una patada en la cara. Me crucé de
brazos y le dije que no iba a jugar con él hasta que me pidiera perdón.
Ya había intentado antes que me pidiera perdón cuando me hiciese algo
malo y nunca lo había conseguido. Pero esta vez sí. Se bajó del columpio
y me dio un abrazo. Estoy contento porque eso demuestra dos cosas, que
voy ganando autoridad y que mi lituano ya permite que los niños me
comprendan mejor.
Después,
pasamos a jugar al pilla pilla de toda la vida. Él se metía por debajo
del tobogán, usando su menor estatura para escapar de mí, hasta que
calculó mal y se golpeó fuertemente con un saliente de la estructura de
madera. El golpe sonó tanto que me asusté. Se abrazó y no me soltaba,
llorando, mientras yo le acariciaba la cabeza e intentaba mirar si tenía
sangre o algo. Afortunadamente, no. Y se le pasó el dolor rápido. Él no
es una persona cariñosa y a menudo le cuesta el contacto físico incluso
cuando lo necesita, porque no es la primera vez que se golpea, y esas
veces ha preferido pasar el mal rato a solas. Así que para mí fue
increíble verle abrazarme durante unos minutos cortos pero prrofundos.
Por
último, seguimos jugando y empecé a notar, por sus movimientos
contenidos, que algo pasaba. Pensé que quizá era efecto del golpe. Pero
tras observarle, me di cuenta de que se pasaba cada poco una mano por
sus partes. Le pregunté si quería ir al baño. Me dijo que no pero como a
regañadientes porque, obviamente, no quería pagar el precio de dejar de
jugar. Insistí y no había manera, hasta que dije que yo sí quería ir al
baño, que me acompañase, y emprendí el camino. Me siguió y fuimos al
baño, donde no es fácil estar con él porque de por sí es un niño muy
alterado pero en un baño todavía más. El suelo acabo empapado, tuve que
apartarle todo de su alrededor y no paró de golpear el apoya brazos para
quienes sufren una discapacidad física. Pero el resultado fue
satisfactorio, sobre todo porque lo más complicado es conseguir que deje
lo que esté haciendo para que vaya al baño. Y esta ha sido la primera
vez que lo logro.
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