Día 53: Adiós a los 27
Leí un libro de David Trueba en el que decía que los 27 años son como los 21 pero con la cabeza alta, por eso de la madurez. Y porque los 21 siguen mirando hacia abajo, hacia los 20, mientras que los 27 miran hacia arriba, hacia los 30. Durante este año he podido comprobar que Trueba tenía razón, que los 27 tampoco difieren tanto de los 21, salvo que están impregnados de una madurez que te condiciona (aunque también ayuda) la toma de decisiones, los riesgos a tomar y, en general, todo lo que rodea tu vida. La proximidad de los 30 es algo evidente. Los 30 es una barrera psicológica en el ser humano, porque supone dejar atrás de la infancia. Quiero decir, la infancia infantil, y la infancia adulta. A partir de los 30 ya eres adulto de verdad con todas sus consecuencias. Aunque, obviamente, hay excepciones que confirman la regla.
Este año no he celebrado mi primer día con 28, sino mi último con 27. He empezado haciendo una tarta para los niños del centro de día. Por la tarde, lo he "celebrado" con Lalou, Clément, Laia, Eugene, Camille e Indy. Hemos pasado horas jugando al presidente, ese juego de cartas al que tanto tiempo le dediqué cuando ni siquiera se me pasaba por la cabeza ser mayor de edad. Luego, hemos cenado tortilla española, pan tomaquet y tiramisú. Fue una tarde muy agradable en la que nos reímos mucho y escuchamos a Celine Dion, especialmente Eugene, que se ha desvelado como un gran fan pidiendo oír dos veces seguidas la canción de la banda sonora de Titanic. Por último, me han hecho un regalo que no me esperaba para nada. Quiero decir, no me esperaba para nada un regalo. Pero es que encima, era un regalazo, un paseo en globo que haré unos meses más adelante, cuando haga mejor tiempo. La verdad que fue el mejor "fin de año" que podía tener en Kaunas.



Comentarios
Publicar un comentario